¿Qué es la terapia sistémica?
“Un lugar donde escucharnos, sanar y reconectar con nuestro yo.
Una invitación a cuidarnos y fortalecer los vínculos.
Una oportunidad de cultivar nuevas formas de relacionarnos.
Un camino consciente hacia la vida que deseamos habitar.”
Marina Camacho,
En mi trabajo como psicóloga y psicoterapeuta familiar y de pareja, acompaño a personas, parejas y familias que atraviesan momentos de dificultad emocional o relacional. Lo hago desde un enfoque integrador, en el que la terapia sistémica es el pilar central de mi intervención.
La terapia sistémica parte de una idea clave: no somos seres aislados, sino que vivimos en relación constante con los demás. Nuestra identidad se construye en un entorno que nos influye, desde lo más micro, como es la familia, hasta lo más macro, la cultura y la sociedad.
Por eso, cuando aparece un malestar —en un niño, en una pareja o en un adulto—, no lo abordamos como algo que le “pasa” solo a esa persona, sino como parte de un sistema más amplio: la familia, la pareja, el entorno laboral o las amistades. En este enfoque, entendemos que los síntomas o los conflictos tienen sentido dentro de una red de vínculos y que, al explorar cómo nos relacionamos y conocernos mejor, también encontramos nuevas posibilidades de cambio y bienestar.
Mi forma de trabajar se adapta a las necesidades de cada caso. A veces, eso significa acompañar a una familia o pareja en un momento de crisis; otras veces, trabajar a nivel individual para sanar heridas del pasado y cambiar la forma en que la persona se vincula consigo misma y con los demás.
Aunque mi base es el enfoque sistémico, integro recursos de otras corrientes, siempre en función de lo que cada proceso requiere. Para mí, cada historia es única, y por eso también lo es la forma de acompañar.
La terapia familiar sistémica no busca señalar culpables, sino ampliar la mirada, entender y reflexionar sobre cómo se construyen los patrones que se repiten y que pueden estar generando malestar. También busca abrir espacios de conversación que, a menudo, no han tenido lugar en el día a día. En ese espacio seguro, respetuoso y sin juicios, se hace posible el cambio.
Tres claves de la terapia sistémica
- Abandona la visión lineal de causa-efecto para observar cómo las conductas se retroalimentan mutuamente, lo que se conoce como causalidad circular.
- Se focaliza en los recursos de las personas y de la familia para el cambio.
- Amplía el foco de lo individual a lo relacional, observando cómo los diferentes sistemas de pertenencia afectan a la persona y qué papel juega en ellos. El problema no se analiza como algo individual, sino como parte de un sistema (la familia, la pareja, etc.).

